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MENSAJE DEL PAPA A LA RCC |
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El Papa a carismáticos: Se necesitan comunicadores de la belleza del Evangelio Envía un mensaje a 25.000 participantes del XXVII Congreso Nacional en Rímini RÍMINI, viernes, 30 abril 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha querido
transmitir la necesidad actual de hombres y mujeres «que sepan comunicar la
fascinación del Evangelio» en un mensaje enviado al Congreso anual de la
«Renovación en el Espíritu» de Italia (RnS, por sus siglas en italiano), que
reúne en la ciudad de Rímini hasta el próximo domingo a 25.000 participantes.
Juan Pablo II a la Asamblea Plenaria de la CFCCCF “Sus esfuerzos para hacer conocer a otros de la alegría de su fe en Cristo no solo contribuirá a fortalecer la vida de las Iglesias locales a las cuales ustedes pertenecen, sino también inspirarán una fe más madura y profunda entre sus propios miembros.” 11/14/94 1° Audiencia de la Renovación Carismática Italiana “Esta mañana he tenido la alegría de compartir en esta asamblea de ustedes, en la cual veo gente joven, adultos, gente mayor, hombres y mujeres, unidos en la profesión de una misma fe, sostenidos por la misma esperanza, unidos por lazos de caridad que “han sido vaciados en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que nos ha sido dado a nosotros (Rm 5, 5). A esta efusión del Espíritu sabemos que debemos una mayor y más profunda experiencia de la presencia de Cristo, gracias a la cual podemos crecer diariamente en el conocimiento amoroso del Padre. Por lo tanto, justamente, su movimiento pone particular atención a la acción, misteriosa pero real, de que la tercera persona de la Santísima Trinidad juega en las vidas de los Cristianos.” 11/23/80 V Conferencia Internacional de Líderes “...Les invito a ustedes y a todos los miembros de la Renovación Carismática, que se unan conmigo para gritar al mundo: «Abran las puertas al Redentor»... La misión de la Iglesia es proclamar a Cristo al mundo. Ustedes comparten efectivamente en esta misión en cuanto sus grupos y comunidades estén enraizadas en las iglesias locales...” 5/30/84 Encuentro Internacional de la Renovación Carismática “Amadísimos hermanos y hermanas: 1. Con gran alegría os envío mi saludo con ocasión del Encuentro mundial de la Renovación carismática católica, que tiene lugar en Rímini. Desde hace algunos años, la Renovación en el Espíritu Santo celebra allí, a comienzos de mayo, su reunión nacional. Con motivo del Año jubilar, esta cita ha adquirido una dimensión particular por la presencia de numerosos representantes de grupos y comunidades carismáticas procedentes de otros países del mundo. Precisamente por eso, vuestro encuentro se celebra con el patrocinio de un organismo, el International Catholic Charismatic Renewal Services, al que corresponde la tarea de coordinar y promover el intercambio de experiencias y reflexiones entre las comunidades carismáticas católicas esparcidas por el mundo. Gracias a esto, la riqueza presente en cada comunidad beneficia a todos, y todas las comunidades pueden percibir más fácilmente el vínculo de comunión que las une entre sí y con la Iglesia entera. Saludo cordialmente al presidente del International Catholic Charismatic Renewal Services, señor Allan Panozza, y al coordinador nacional de la Renovación en el Espíritu Santo, señor Salvador Martínez, así como a todos los miembros del Comité nacional de servicio. 2. Este Encuentro Internacional de Rímini constituye para vosotros una etapa de la peregrinación jubilar. Celebrando el bimilenario de la Encarnación, todos estamos llamados a dirigir nuestra mirada a Cristo, "luz de las gentes". Al contemplarlo, se renueva nuestra admiración y nuestra gratitud: el Hijo de Dios se hizo hombre, murió por nuestra salvación, resucitó y vive. ¡Cristo vive! ¡Él es el Señor! Esta es la certeza de nuestra fe. Al mismo tiempo que la proclamamos con humildad y firmeza, somos conscientes del hecho de que esta certeza no viene de nosotros. Si hemos podido conocer a Cristo, es porque él mismo se nos ha dado a conocer, donándonos su Espíritu: "Nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!", si no es bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Co 12, 3). Cristo, al darse a conocer, no nos ha dejado solos. En el Espíritu Santo nace el nuevo pueblo de Dios, porque Dios "quiso santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente" (Lumen gentium, 9). Cada comunidad eclesial auténtica es una porción de este pueblo, que desde hace dos mil años recorre los caminos del mundo. Por tanto, aun perteneciendo a una comunidad determinada, todo bautizado está abierto a acoger la riqueza de la Iglesia universal, que es la Iglesia de todos los siglos. 3. La Iglesia contempla con gratitud el florecimiento de comunidades vivas, en las que se transmite y vive la fe. En este florecimiento, reconoce la obra del Espíritu Santo, que concede siempre a la Iglesia las gracias necesarias para afrontar situaciones nuevas y a veces difíciles. Muchos de vosotros recordaréis el gran encuentro que se celebró en Roma el 30 de mayo de 1998, en la vigilia de Pentecostés. En esa ocasión dije: "En nuestro mundo, frecuentemente dominado por una cultura secularizada que fomenta y propone modelos de vida sin Dios, la fe de muchos es puesta a dura prueba y no pocas veces sofocada y apagada. Se siente, entonces, con urgencia la necesidad de un anuncio fuerte y de una sólida y profunda formación cristiana. ¡Cuánta necesidad existe hoy de personalidades cristianas maduras, conscientes de su identidad bautismal, de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo! ¡Cuánta necesidad de comunidades cristianas vivas! Y aquí entran los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales: son la respuesta, suscitada por el Espíritu Santo, a este dramático desafío del fin del milenio" (Discurso del Santo Padre, n. 7: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de junio de 1998, p. 14). En aquella ocasión afirmé también que se abre una etapa nueva ante los movimientos, "la de la madurez eclesial" (ib., n. 6). También las comunidades carismáticas están llamadas hoy a dar este paso, y estoy seguro de que el International Catholic Charismatic Renewal Services podrá desempeñar un papel importante con vistas a la maduración de la conciencia eclesial en las diversas comunidades carismáticas católicas esparcidas por el mundo. Lo que dije en aquel momento en la plaza de San Pedro os lo repito a todos vosotros reunidos en Rímini: "La Iglesia espera de vosotros frutos "maduros" de comunión y de compromiso" (ib.). 4. En el seno de vuestras comunidades, en circunstancias diversas, cada uno de vosotros ha comenzado un camino que lleva a un conocimiento y a un amor cada vez mayores a Cristo. ¡No interrumpáis el camino emprendido! Tened confianza: Cristo completará la obra que él mismo ha comenzado. "¡Aspirad a los carismas superiores!" (1 Co 12, 31). Buscad siempre a Cristo: buscadlo en los sacramentos, buscadlo en la oración y buscadlo en el testimonio de vuestros hermanos. Sed agradecidos con los sacerdotes que acompañan como pastores a vuestras comunidades: a través de su ministerio, la Iglesia os guía y asiste como madre y maestra. Aprovechad con alegría las ocasiones que se os presentan para profundizar vuestra formación cristiana. Servid a Cristo en las personas que están junto a vosotros, servidle en los pobres, servidle en las exigencias y en las necesidades de la Iglesia. Dejaos guiar verdaderamente por el Espíritu. Amad a la Iglesia: una, santa, católica y apostólica. Me alegra particularmente saber que en vuestro encuentro participan también representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, y deseo saludarlos cordialmente. Uniéndoos en la alabanza común, habéis aceptado la invitación que hice en la bula de convocación del gran jubileo: "Acudamos todos, desde las diversas Iglesias y comunidades eclesiales diseminadas por el mundo, a la fiesta que se prepara; llevemos con nosotros lo que ya nos une; y que la mirada puesta sólo en Cristo nos permita crecer en la unidad, que es fruto del Espíritu" (Incarnationis mysterium, 4). Queridos hermanos y hermanas, al mismo tiempo que pido con vosotros a la Virgen María que cada uno acoja el don del Espíritu para ser testigo de Cristo en el lugar donde vive, os imparto de buen grado a vosotros y a vuestras familias mi afectuosa bendición.” 5/24/00 Al consejo de ICCRO “Al celebrar el veinticinco aniversario del inicio de la Renovación Carismática Católica, yo deseo compartir con ustedes la alabanza a Dios por los muchos frutos que nos ha dado en la vida de la Iglesia. El nacimiento de la Renovación después del Segundo Concilio Vaticano fue un regalo particular del Espíritu Santo a la Iglesia.” 5/14/92 Carta del Papa a la
Renovación “Rema Mar Adentro” El Santo Padre a la Fraternidad
Católica de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza Los miembros del Ejecutivo y el Consejo de la Fraternidad Católica de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza, se reunieron en Roma, los días 20 al 27 de junio de 2001. El
Card. Stafford y el Obispo Rylko, Presidente y Secretario del Consejo
Pontificio de los Laicos,
estuvieron también presentes en este encuentro como visitantes. En esta ocasión,
el Santo Padre Juan Pablo II escribió un mensaje a la Fraternidad que
publicamos en este número especial (versión inglesa, de la copia original) y
que el obispo Rylko leyó y comentó a la asamblea. Allan
Panozza, presidente del ICCRS, participó en una sesión del encuentro
compartiendo su experiencia en la Renovación Carismática con los participantes
a este Congreso. “Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo” (1Co 1, 3). Con las palabras del Apóstol Pablo os saludo con ocasión de vuestro Congreso que se celebra en Roma del 20 al 27 de junio de 2001. La Fraternidad reúne muchas comunidades de la Renovación Carismática de todo el mundo, todas comprometidas en profundizar en su identidad eclesial en el corazón de la Iglesia Católica. Por este compromiso, habéis elegido el sendero seguro de la comunión con el sucesor de Pedro y con los pastores de vuestras iglesias locales. Éste es el sendero de fidelidad inquebrantable al Magisterio, que veis debidamente como un carisma dado a la Iglesia para asegurar que nunca falle en la presentación de la verdad que proviene de Dios. En un mundo donde el mismísimo concepto de verdad está puesto a veces en duda, éste es un testimonio precioso, por el que doy gloria a Dios. Vuestro Congreso tiene lugar en un momento cuando toda la Iglesia, evocando la gracia del Año Jubilar, alaba a la Santísima Trinidad por ese don extraordinario. Pero también es un momento cuando la Iglesia mira con confianza y esperanza al siglo y el milenio que está ante nosotros. Como enfaticé en mi Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte, esto debe implicar la programación pastoral. “Ahora tenemos que mirar hacia adelante”, escribí, “debemos ‘remar mar adentro’, confiando en la palabra de Cristo, Duc in altum!…las experiencias vividas deben suscitar en nosotros un dinamismo nuevo, empujándonos a emplear el entusiasmo experimentado en iniciativas concretas” (Nº 15). Lo que es verdad para toda la
Iglesia es desde luego verdad también para la Fraternidad Católica de
Comunidades y Asociaciones de Alianza. Ha llegado el momento de planear para el
futuro, de manera que la nueva evangelización a la que la Iglesia se ve llamada
ahora provoque todavía una mayor energía de la gracia de vuestra llamada. La
gracia es la base de todas nuestras acciones (cf. Ibid., Nº 38); y la santidad
es la meta a la que mira toda nuestra programación. La santidad tiene en su núcleo la
contemplación del Señor Jesús, y toda nuestra programación debe buscar llevar
a la gente a una conciencia más profunda del Único Salvador del mundo. Esto
exige oración madura y fiel, y doy gracias a Dios por el modo en que vuestras
comunidades ayudan a la gente a experimentar más profundamente el misterio
de la oración, de manera que lleguen a ver “la gloria de Dios que está en
la faz de Cristo” (2 Co 4, 6). Pero éste es un viaje
interminable de descubrimiento, y ahora “es el momento de proponer de nuevo a
todos con convicción este ‘alto grado’ de la vida cristiana ordinaria” (Novo
Millenio Ineunte, 31). ¡La Iglesia y el mundo necesitan santos! Y todos los
bautizados sin excepción ¡están llamados a ser santos! Esto es lo que el
Concilio Vaticano Segundo quería decir cuando habló de “la vocación universal a
la santidad” (Lumen Gentium, 5). Que vuestras comunidades, por lo tanto, sean
cada vez más “auténticas ‘escuelas de oración’, donde el encuentro con Cristo
no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de
gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta
el ‘arrebato del corazón’” (Novo Millenio Ineunte, 33). Pues esto es lo que los
santos son: gente que se ha enamorado de Cristo. Y es por esto que la
Renovación Carismática ha sido un don tan grande para la Iglesia: ha conducido
a multitud de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, a esta experiencia del
amor que es más fuerte que la muerte. Que esta experiencia ahora más
que nunca os incite a la misión. Pues la contemplación que no de lugar a la
misión se marchitará a la larga; y la misión que no surja de la contemplación
está condenada a la frustración y al fracaso. Fervientemente pido que vuestras
comunidades y toda la Renovación Carismática “boguen mar adentro” en la oración
para “bogar mar adentro” en la misión. Así ayudaréis a toda la Iglesia todavía
más para vivir la vida de acción y contemplación que es el seno de la
evangelización. Confiando vuestra Asamblea
General a la infalible protección de María, Esposa del Espíritu y Madre de la
Iglesia, imparto con satisfacción mi Bendición Apostólica a la Fraternidad y a
vuestras comunidades como prenda de la infinita misericordia de Jesucristo, “el
primogénito de entre los muertos” (Col 1, 18). En el Vaticano, 22 de junio de 2001
Página 1 Boletín de ICCRS Número especial / Julio -
Agosto 2001
Carta del Papa a la Renovación “Tended con toda vuestra fuerza hacia la santidad” El Santo Padre escribe
a los participantes a la Asamblea anual del “Rinnovamento nello
Spirito Santo”, celebrado en Rímini, Italia, en abril de 2001. Publicando
la carta que el Santo Padre escribió a los participantes a la 24ª Asamblea
Nacional del”Rinnovamento nello Spiritu Santo” (una de las expresiones de la
Renovación Carismática), ofrecemos, gracias al ICCRS, a todos los miembros de
la RCC, la enseñanza autorizada del Papa, para fortalecernos en vivir nuestra
llamada a la santidad y a darnos todo el equipamiento necesario para la misión. 1. “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión
del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co 13, 13). Con estas palabras
de la Liturgia, quiero dirigir mi saludo afectuoso a ti, mi venerado Hermano en
el Episcopado, a los Dirigentes y miembros de la Coordinadora Nacional, así
como a todos los reunidos en Rímini para la XXIV Asamblea Nacional de los
grupos de oración y comunidades de la Renovación en el Espíritu Santo (RnS Rinnovamento
nello Spirito Santo). Justo después de la clausura del
Año Santo, el lema de la asamblea de este año, “Haced lo que él os diga” (Jn 2,
5), destaca la intención de vuestro movimiento eclesial a seguir la enseñanza
de María y comenzar un nuevo viaje de fervor espiritual y obediencia al
Evangelio. El Evangelista, relatando la experiencia de los Apóstoles después de
la resurrección de su Maestro dice que, “los discípulos se alegraron de ver al
Señor” (Jn 20, 20). Sí, es esta misma alegría, el don del Resucitado, que hace
a los creyentes capaces de mirar los retos del nuevo Milenio con alegría. En la carta apostólica Novo
Millennio Ineunte, escribí: “Ahora... debemos remar mar adentro, confiando
en la palabra de Cristo, Duc in altum!” (n. 15). Éste es el momento para
nuevas iniciativas apostólicas. ¡Es el momento de la nueva evangelización! 2. Ante los grandes retos de la
era moderna, tenemos que ser muy conscientes de que “no será una fórmula lo que
nos salve, pero sí una Persona”. Por esta razón la Renovación está llamada
también a comenzar de nuevo desde Cristo, “se centra, en definitiva, en Cristo
mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida
trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la
Jerusalén celeste” (n. 29). Esta intención de un compromiso
renovado por el Evangelio requiere ante todo volver a descubrir la santidad
como corazón y centro de todo apostolado: es necesario tender con todas
nuestras fuerzas hacia la santidad, para “proponer de nuevo a todos con
convicción este algo grado de la vida cristiana ordinaria. La vida
entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta
dirección” (n. 31). Los movimientos y nuevas Comunidades eclesiales, como un
don especial del Espíritu Santo a las Iglesias en estos tiempos nuestros, deben
saber cómo responder fielmente a la llamada del Señor. Ser dóciles con
prontitud y generosidad al Paráclito, que nos moldea a Cristo: éste es el
camino por donde los creyentes pueden ofrecer su testimonio de esperanza a una
humanidad que a menudo se ve permeada por una cultura secularizada, que fomenta
y promueve patrones de vida impíos y se arriesga a convertir al mundo en inhóspito
y enemigo del hombre. 3. No hay santidad sin oración.
De hecho, como vemos en las vidas de los santos, los cristianos valen tanto
como oran. El compromiso de adherirse a la palabra de Jesús con gran
disposición y generosidad, para traer Su salvación al mundo, exige un
descubrimiento renovado de “los grandes
recursos de la oración”. En nuestro mundo, que a veces está enfermo de
eficiencia y utilitarismo, existe una necesidad de testigos de “las cosas de
arriba”, contempladas y vividas en la existencia cotidiana. Esto supone que los grupos y
comunidades de la Renovación sean cada vez más lugares de contemplación y
alabanza, donde el corazón del hombre se llena del amor de Dios, se abre al
amor hacia su hermano y se hace capaz de construir la historia según el
designio de Dios. Es en la Iglesia –casa y escuela
de comunión– donde debemos oponernos a la cultura de odio y venganza, que los
grupos y Comunidades de la Renovación (RnS) sean lugares y modelos
significativos de hermandad y amor, de paciencia y acogida recíproca. Que la
experiencia del perdón y el valor dado a cada don espiritual ayuden a todos a
construir una hermandad nutrida por el aliento del Espíritu del Señor
Resucitado. 4. “Haced lo que él os diga” (Jn
2, 5). Este lema nos invita a mirar al icono de las Bodas de Caná, donde la
nueva relación de los discípulos con el Señor se ve moldeada por la presencia
discreta y efectiva de María. Ella es el camino privilegiado y seguro para un
encuentro con el Señor; es ella la que nos prepara para acoger su Palabra y
hacernos perseverantes en la oración, en la expectación del Espíritu que
inflama nuestros corazones y nos conduce a remar mar adentro con valor, hacia
las metas que indica el Señor. A María, la que es completamente
santa, confío la Asamblea Nacional de la Renovación, de modo que el Espíritu
Santo, al renovar los milagros de Pentecostés, pueda llenar los corazones con
el fuego de Su amor y transformar a los participantes en anunciadores valientes
y gozosos del Evangelio. Con estos deseos, con todo mi
corazón imparto, a ti mi Venerable Hermano, a los Dirigentes, a aquellos
presentes y a todos los grupos y comunidades de la Renovación en el Espíritu
una bendición apostólica especial, prenda de dones abundantes y consuelo
celestial. En el
Vaticano, 28 de abril de 2001 Página 2 Boletín de ICCRS. Número especial / Julio -
Agosto 2001
El Papa Juan Pablo II a la asociación italiana del “RnS” «La Renovación Carismática es un don para la Iglesia» El jueves 14 de Marzo de 2002, el Santo Padre celebró el 30º aniversario de la llegada de la Renovación Carismática a Italia, cuando recibió a una delegación de miembros del Rinnovamento nello Spirito Santo (RnS), la realidad carismática más representativa de Italia. El RnS tiene alrededor de 200.000 miembros en 1.800 comunidades o grupos de oración. El Santo Padre resumió lo que es este movimiento de esta maravillosa manera: “La Renovación en el Espíritu puede considerarse un don especial del Espíritu Santo a la Iglesia en nuestro tiempo. En vuestro movimiento, nacido en la Iglesia y para la Iglesia, a la luz del Evangelio se experimentan el encuentro vivo con Jesús, la fidelidad a Dios en la oración personal y comunitaria, la escucha confiada de su Palabra y el redescubrimiento vital de los sacramentos, pero también la valentía en las pruebas y la esperanza en las tribulaciones”. He aquí la traducción del discurso en italiano del Papa. Amadísimos hermanos y hermanas: Con gran alegría os acojo a vosotros, representantes del grupo de la Renovación en el Espíritu Santo, con ocasión del trigésimo aniversario de vuestra presencia en Italia. Saludo al coordinador del Comité nacional de servicio y a cuantos colaboran con él. Recuerdo con agrado los encuentros que he tenido con vosotros durante los años pasados. Desde el primero, en la solemnidad de Cristo Rey de 1980, hasta el de 1998, en la víspera del Encuentro con los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, con ocasión de Pentecostés. No puedo olvidar tampoco la contribución que la- Renovación en el Espíritu dio con ocasión del gran jubileo del año 2000, de modo especial ayudando a los jóvenes y a las familias, que desde el comienzo de mi pontificado no me canso de indicar como ámbitos privilegiados del compromiso pastoral. También deseo agradecer a vuestros dirigentes el haber querido imprimir a la Renovación un marcado carácter de colaboración con la jerarquía y con los responsables de los demás movimientos, asociaciones y comunidades. Por todo esto, juntamente con vosotros, alabo al Señor, que enriquece a su Iglesia con innumerables dones espirituales. ¡Sí! La Renovación en el Espíritu puede considerarse un don especial del Espíritu Santo a la Iglesia en nuestro tiempo. En vuestro movimiento, nacido en la Iglesia y para la Iglesia, a la luz del Evangelio se experimentan el encuentro vivo con Jesús, la fidelidad a Dios en la oración personal y comunitaria, la escucha confiada de su Palabra y el redescubrimiento vital de los sacramentos, pero también la valentía en las pruebas y la esperanza en las tribulaciones. El amor a la Iglesia y la adhesión a su Magisterio, en un can-ún6 de maduración eclesial sostenido por una sólida formación permanente, son signos elocuentes de vuestro empeño por evitar el peligro de secundar, sin querer, una experiencia de lo divino sólo emocional, una búsqueda excesiva de lo “extraordinario” y un repliegue intimista que evite el compromiso apostólico. En esta circunstancia especial deseo bendecir idealmente tres proyectos, en los que estáis trabajando, y que proyectan “fuera del Cenáculo” a los grupos y a las comunidades de la Renovación en el Espíritu con generoso impulso misionero. Me refiero, ante
todo, al apoyo que estáis dando a la implantatio Ecclesiae en Moldavia,
en estrecha colaboración con la fundación “Regina Pacis” de la Arquidiócesis de
Lecce, constituyendo una comunidad misionera unida a la diócesis de Chisinau.
Saludo con afecto a los pastores de esas comunidades eclesiales, monseñor Cosmo
Francesco Ruppi y inonseñor Anton Cosa, así como a los obispos que participan
en este encuentro. Otro interesante proyecto es la animación espiritual en los santuarios marianos, lugares privilegiados del Espíritu, que os brinda la ocasión de ofrecer a los peregrinos itinerarios de profundización de la fe y de reflexión espiritual. Por último, está el proyecto “Zarza Ardiente”, que es una invitación a la adoración incesante, día y noche. Habéis querido promover esta oportuna iniciativa para ayudar a los fieles a “volver al Cenáculo”, a fin de que, unidos en la contemplación del misterio eucarístico, intercedan mediante el Espíritu por la unidad plena de los cristianos y por la conversión de los pecadores. Se trata de tres diversos campos apostólicos, en los que vuestra experiencia puede dar un testimonio muy providencial. El Señor guíe vuestros pasos y haga que vuestros propósitos den abundantes frutos para vosotros mismos y para la Iglesia. Si se mira bien, todas vuestras actividades de evangelización tienden, en resumidas cuentas, a promover en el pueblo de Dios un crecimiento constante en la santidad. En efecto, la santidad es la prioridad de todos los tiempos y, por tanto, también de nuestra época. La Iglesia y el mundo necesitan santos, y nosotros seremos tanto más santos cuanto más dejemos que el Espíritu Santo nos configure con Cristo. Éste es el secreto de la experiencia regeneradora de la “efusión del Espíritu”, experiencia típica que distingue el camino de crecimiento propuesto a los miembros de vuestros grupos y comunidades. Deseo de corazón que la Renovación en el Espíritu sea en la Iglesia un verdadero “gimnasio” de oración y ascesis, de virtud y santidad. De modo especial, seguid amando y haciendo amar la plegaria de alabanza, forma de oración que reconoce más inmediatamente que Dios es Dios; le canta por él mismo, le da gloria por lo que él es, más que por lo que hace (cf. Catecismo de la Iglesia Católica 2639). En nuestro tiempo, sediento de esperanza, dad a conocer y haced amar al Espíritu Santo. Así ayudaréis a que torne forma “la cultura de Pentecostés”, la única que puede fecundar la civilización del amor y de la convivencia entre los pueblos. No os canséis de invocar con ferviente insistencia: “¡Ven Espíritu Santo! ¡Ven! ¡Ven!”. La Madre Santísima de Cristo y de la Iglesia, la Virgen orante en el Cenáculo, esté siempre con vosotros. Os acompañe también mi bendición, que os imparto con afecto a vosotros y a todos los miembros de la Renovación en el Espíritu. Roma, 14 de Marzo de 2002 Boletín de ICCRS. Número especial / Mayo - Junio 2002 |