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    LA RCC EN EL MUNDO



Por: P. Diego Jaramillo, cjm
Santafé de Bogotá, 1997

    En 1961 el Papa Juan XXIII oró para que el Espíritu Santo renovara en la Iglesia las maravillas de un nuevo Pentecostés (Constitución Apostólica "Humanae salutis", n. 21). La década del 60 fue testigo de cómo Dios respondió a la oración del Pontífice. El Concilio Vaticano II fue un pasar del Espíritu Santo por nuestro tiempo.

    Otra presencia del Divino Paráclito ha sido la Renovación Carismática que, en pocos años, invadió el mundo católico. ¿Cuándo y dónde comenzó? La respuesta es difícil de dar. Ocurre como las burbujas cuando el agua empieza a hervir; van brotando simultáneamente en varios lugares.

    Así ha ocurrido en la Iglesia, en estos años, caldeada por el fuego del Espíritu Santo.

    En la década de los 60 en las universidades de Nuestra Señora (Notre Dame), en South Bend (Indiana), y en la de Duquesne, en Pittsburgh (Pensilvania), se formaron grupos de estudiantes y profesores deseosos de vivir ardientemente la fe: vigilias bíblicas, asambleas de canto y enseñanza, oración espontánea, misas juveniles seguidas de ágapes para compartir, etc., eran expresiones normales vivencia fraternal que, sin embargo, como tanta obras e intentos de los hombres languidecían tras el primer entusiasmo. Sin embargo un grupo de profesores y alumnos empezó a surgir. Entre ellos se trabó gran amistad y los nexos que anudaron entre sí les permitieron luego formar una base de apoyo para la Renovación.

    Quizá el pionero fue Ralph Keifer, laico, casado, profesor de teología en Notre Dame en 1965, y luego residente en Pittsburgh. Cerca de él, su amigo William Storey quien, tras ingresar a la Iglesia Católica, había llegado a ser profesor de liturgia e historia eclesiástica y fundador de la asociación Xi Rho. Estos dos letras del alfabeto griego, que son las primeras del nombre de Cristo, suelen formar un anagrama conocidísimo, el Crismón. El grupo Xi Rho, pretendía estudiar la Biblia, unirse en la oración y fomentar las experiencias comunitarias a que aluden los Hechos Apostólicos (2,42). Sin embargo los ideales no se lograban y el grupo buscaba nuevas metas como la de ayudar a los alcohólicos. Era una crisis de identidad que se iba agravando desde 1964 hasta 1966. Mientras eso sucedía, en Pittsburgh algunos jóvenes cursillistas buscaban por su cuenta cómo cumplir la voluntad de Dios.

    Los cursillos de Cristiandad son una experiencia de conversión cristiana que en 1949 suscitó en España el obispo Juan Hervas, en compañía del teólogo Juan Capó y del laico Eduardo Bonnin, influenciados por el pensamiento de Cardenal Suenens, del teólogo Ives Congar, y del pastoralista Padre Georges Michonneau. Los Cursillos se iniciaron en Estados Unidos en 1957. Cuatro años después se realizó el primer Cursillo en inglés.

    La noticia de los cursillos llegó a los líderes cristianos de las universidades antes mencionadas, que vieron en ellos una especie de renovación. Eran estos líderes Steve Clark, estudiante de filosofía en la Universidad de Yale, quien había pasado a la Iglesia católica desde el protestantismo. Steve Clark trabajó de 1963 a 1965 en Notre Dame. Al lado de Steve Clark estaba Ralph Martin, alumno de filosofía de Notre Dame (1960-1964), de tendencias ateas, quien preparaba una tesis sobre Nietzsche.

    Precisamente, argumentando y atacando la fe cristiana, conoció a Clark. Asistió al segundo cursillo en Notre Dame en 1964 y allí se convirtió a la fe de modo tan radical que al principio nadie quería creer que fuera el mismo que protestaba porque en su apartamento que compartía con Felipe O'mara, éste organizaba reuniones cristianas. Ralph y Steve pasaron juntos las Navidades de 1965 y en ellas proyectaron un retiro espiritual que realizarían en 1966. Fue entonces cuando se comprometieron a trabajar en los cursillos, como miembros de la junta directiva nacional.

    Otros amigos o alumnos de Keifer en Notre Dame fueron George Martin, quien a los 18 años había hecho un retiro ignaciano que marcó su vida, y en Notre Dame estudiaba filosofía y escribía una tesis sobre Kierkegaard; también la pareja de Kevin y Dorothy Ranaghan, estudiantes de teología y amantes de la liturgia, igualmente Bert Ghezzi, presidente del grupo Xi Rho, con inquietudes teológicas, que había invitado a Hans Kung a Norteamérica, como conferencista, y además preparaba su tesis en historia; igualmente, Paul DeCelles, profesor de física en la universidad; se menciona también a Jim Cavnar, Gerry Rauch, Kerry Koller, Ralph Johnson, Jim Rauner y otros.

    En diciembre de 1965 había terminado en Roma el Concilio Vaticano II. Nada de raro tenía pues que comenzaran a cosecharse sus frutos. Al terminar su retiro de verano, Steve Clark y Ralph Martin fueron invitados a inaugurar y clausurar la Convención Nacional de Cursillos, en Kansas City, en agosto de 1966. Luego viajaron a Lansing ya como miembros de las directivas nacionales. También allí se les designó dirigentes de la parroquia estudiantil de San Juan, en la universidad del estado de Michigan.

    En el segundo semestre de 1966 los líderes cristianos, ansiosos de una renovación que sacudiera del marasmo su apostolado, empezaron a rezar diariamente "Veni, Sancte Spiritus", oración que la liturgia suele llamar "La Secuencia Áurea".

    Por otra parte, Steve Clark proponía el estudio del libro "La Cruz y el Puñal", que narra el ministerio del pastor Wilkerson en Nueva York y la célebre historia de Nicky Cruz. Ralph Keifer encontró otro libro que tuvo gran influencia, "Hablan en otras lenguas", de Jhon Sherril y la obra "Compromiso y Liderazgo" de Douglas Hyde, un comunista inglés convertido al cristianismo. Motivado por lo expuesto en esos libros, y queriendo conocer en la práctica los grupos que en ellos se hablaba y la manifestación de los carismas, Ralph Keifer y William Storey establecieron en Pittsburgh contactos con Will Lewis, pastor episcopaliano de la Iglesia del Santo Cristo.

    El pastor Lewis tampoco había vivido una experiencia pentecostal, pero los relacionó con la señora Betty Schomaker, parroquiana suya, que participaba en reuniones de oración. El encuentro con la señora Schomaker fue el 6 de enero de 1967, festividad de la Epifanía, es decir, de la manifestación de Cristo a todas las naciones. Ese día se pactó la asistencia a una reunión de oración para la semana siguiente, en su casa, situada en las colinas al norte de Pittsburgh.

    Así llegó el 13 de enero de 1967, fiesta del Bautismo de Cristo, cuando descendió el Espíritu Santo sobre Jesús y lo ungió como el Mesías de Dios. En esa festividad, el grupo se congregó a las siete y media de la noche en casa de Florencia Dodge, y en él participaron cuatro católicos: Ralph Keifer y su esposa Bobbi, Patrick Bourgeois, y William Storey. Keifer y Bourgeois eran profesores de teología y Storey profesor de historia de la Iglesia. Cuando terminaba la reunión, Storey dijo: "Vine a recibir el bautismo del Espíritu Santo, y no me voy hasta que lo haya recibido". Un asistente al grupo oró por él diciendo: "Señor, Tú conoces su corazón y sus necesidades. Llénalo ahora con tu Espíritu".

    Ocho días después, el 20 de enero, regresaron a dicho grupo Ralph y Patrick, pidieron que oraran por ellos y recibieron la efusión del Espíritu Santo.

    Poco después, uno de ellos escribiría: "Fue como si hubiera entrado en un inmenso mar, sólo que el agua era Dios, el agua era el Espíritu Santo". Como resultado de ello, Keifer empezó a escribir cartas, a llamar por teléfono y a compartir con otros su experiencia. Los primeros contactados fueron una pareja de novios que se casaría meses más tarde, Paul Gray y Mary Ann Springle, estudiantes de teología de Duquesne. Con ellos organizaron Keifer y Storey un retiro para el grupo de Xi Rho; el tema escogido era "Las Bienaventuranzas, o cómo actúan los cristianos", pero a última hora se cambió por "Los Hechos de los Apóstoles, o como hacerse cristianos". Serían cuatro conferencias sobre los cuatro primeros capítulos de los Hechos y había que leer "La Cruz y el Puñal".

    Paul debía dar la segunda conferencia y Mary Ann la tercera. Ambos recordaban su nerviosismo que sólo se calmó al invocar al Espíritu Santo. Todos sentían hambre de Dios, y cuando Keifer comenzó a orar con imposición de manos, se desataron las lenguas y la alegría.

    Fue una experiencia de oración profunda, de vigilia y expectativa, de presencia de Dios: "Era como si Jesús estuviera caminando allí tocando a cada uno y dándole una misión". Su acción se manifestó cuando por haberse ido el agua, los dirigentes de la casa de retiros "El Arca y la Paloma" les pidieron que se retiraran.

    Ellos oraron y pusieron a prueba a Dios para que solucionase el problema del agua. La sorpresa fue enorme cuando, al concluir la oración David Mangan se encaminó maquinalmente a un grifo para beber y el agua brotó con abundancia. Las crónicas guardan, además de los ya citados, algunos nombres de los participantes a ese retiro del 17 al 19 de febrero de 1967: Patty Gallagher Mansfield, Karin Sefcik, el Padre Healey y David Mangan. Éste fue precisamente el que planteó la gran pregunta: "¿No se podría renovar nuestra confirmación y suplicar al Espíritu Santo que volviera de nuevo sobre nosotros?". Y cuando el Espíritu Santo llenó a los participantes, Storey dijo: "El Señor Obispo se va a sorprender cuando sepa que todos fueron bautizados en el Espíritu Santo". Luego, Ralph Keifer empezó a usar la fórmula de "bautismo en el Espíritu" que, en ambientes metodistas, había usado desde finales del siglo pasado Charles Finney y que alude a la experiencia del Pentecostés personal vivido o renovado en cada bautizado.

    Éste fue, pues, el pesebre de la Renovación Carismática para usar la expresión de Haral Bredesen, o según dice Patty Gallagher, sucedió como si allí se estuviera escribiendo el primer capítulo de un nuevo libro de los Hechos Apostólicos, obra a la que se designa también como "el Evangelio del Espíritu Santo".

    Quince días después, el 4 y 5 de marzo, el fuego prendió en Notre Dame, donde Keifer había escrito y enviado luego, como misionero y testigo, a un amigo suyo. Allí, en casa de Kevin y Dorothy Ranaghan y de Bert y Mary Lou Ghezzi, se encendió la llamarada. También en Notre Dame los universitarios católicos habían buscado y sembrado con los retiros de fin de semana "Antioquía". Ese nombre quería recordar que en Antioquía los discípulos del siglo primero empezaron a llamarse "cristianos". Pero ni ellos, ni las marchas en pro de los derechos de los negros (como la de Selma, Alabama, en la que participaron con Martin Luther King), habían dado resultado. Ahora la universidad empezó a conmoverse y la renovación brotó con fuerza en South Bend, Indiana, y aunque ya el 13 de marzo alguien les preguntaba: "Ahora que han recibido el Espíritu Santo , ¿cuándo abandonarán la Iglesia Católica?", eso no sucedió, sino que se afirmaron en ella.

    Dos años más tarde, el 14 de noviembre de 1969, apareció un informe de la Comisión de Doctrina de la Conferencia Nacional de los Obispos Católicos de los Estados Unidos. Ese informe, redactado por el Obispo Alexander Zaleski, de Lansing, Michigan, fue la primera carta de reconocimiento de la Renovación Carismática en la Iglesia.

    A mediados de marzo vinieron de Michigan a Pittsburgh Steve Clark y Ralph Martin y recibieron el bautismo del Espíritu Santo. Luego, del 7 al 9 de abril con 40 estudiantes se presentaron a un retiro en Notre Dame. De ahí en adelante comenzó la siembra y la cosecha abundante por todos los continentes.

    Recomendamos especialmente las siguientes lecturas sobre este tema:

    • Kevin y Dorothy Ranaghan, Pentecostales Católicos ; Logos International; Plainfield, N.J., 1971.
    • Edward D. O´Connor, C.S.C.,La Renovación Carismática en la Iglesia Católica;Lasser Press; México, 1973. 
    • Benigno Juanes, S.J.,¿Qué es la Renovación Carismática y qué pretende?;Santo Domingo,1996. 
    • P. Chus Villarroel O.P., La Renovación Carismática; Sereca, España.

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    2. Inicios de la RCC en el Mundo

    Por: P. Chus Villarroel, O.P.
    Tomado del libro: «La Renovación Carismática».

    Antecedentes

    El día 9 de marzo de 1897 el Papa León XIII sorprendió al mundo con la publicación de la encíclica "Divinum illud munus", verdadera y auténtica "suma teológica" sobre el Espíritu Santo. Con ella, de algún modo, le consagraba el nuevo siglo. Además hizo obligatoria para toda la Iglesia la novena al Espíritu Santo como preparación anual a la fiesta de Pentecostés. 

    1 de enero de 1901

    El movimiento espiritual del que vamos a hablar parece haber surgido, más o menos simultáneamente, en diversas partes de la tierra, especialmente en Armenia, Gales, India y USA. No se puede considerar patrimonio exclusivo de ninguna confesión religiosa.

    La corriente principal y mejor constatada,sin embargo, fue la que apareció en una pequeña y pobre iglesia protestante. Es la Iglesia Metodista. Es ésta una iglesia escindida del Anglicanismo hacia el año 1729.

    Este cisma no se hizo por rechazo, sino por afán de reforma y de acercamiento sencillo del culto y de los grandes dogmas al pueblo cristiano. Se ha comparado el movimiento metodista al franciscanismo. Sus promotores, en especial John Wesley, un hombre de entraña mística y de una predicación muy imaginativa y cercana al pueblo, conservaron siempre un gran respeto por la Iglesia madre Anglicana. El nombre de metodistas les fue impuesto por burla, pues hacían gala de seguir un método adaptado a las buenas costumbres de las que nos habla la Biblia.

    Los fieles metodistas se extendieron por varios países del mundo anglosajón, aunque nunca llegaron a ser muy numerosos. Sucedió en la noche de fin de año de 1900. Un grupo de estudiantes celebraban una asamblea de oración en Topeka, Kansas. La presidía el joven pastor metodista Charles F. Parham. Le pedían al Espíritu Santo que les enviara los mismo dones que había otorgado a los apóstoles en el cenáculo.

    Una chica, llamada Inés Ozman, sintió el impulso de salir al centro de la asamblea. Rogó al pastor que le impusiera las manos e invocara sobre ella la efusión del Espíritu Santo, como se hacía en tiempo de los apóstoles. El pastor, en un primer momento, se quedó perplejo, pero al fin condescendió. "En aquel momento, refirió la joven, me sentí como arrastrada por un río en crecida y como si un fuego ardiese en toda mi persona, mientras que palabras extrañas de una lengua que jamás había estudiado me venían espontáneas a los labios y se me llenaba el alma de una alegría indescriptible". Seguidamente, los demás estudiantes y el propio pastor Parham recibieron los mismos dones.

    La noticia se difundió. De todas partes acudía la gente para recibir lo que se llamó "el bautismo en el Espíritu" y "el don de lenguas". En 1906 ya era un auténtico fenómeno religioso muy extendido.

    Las iglesias protestantes, sin embargo, no supieron acoger esta movida religiosa que parecía convulsionar sus cimientos. Excomulgados por sus iglesias y, aun en contra de su voluntad, los primeros carismáticos no tuvieron más remedio que integrarse en una iglesia nueva que se llamó la Iglesia Pentecostal.

    Acogida en las iglesias protestantes

    La historia del pentecostalismo en los años que siguieron se hizo turbulenta. Hubo entre ellos y con las demás iglesias nuevas divisiones y enconadas luchas y disputas teológicas. Cayeron en un gran desprestigio. Durante cincuenta años se sumieron en una semioscuridad y dejaron, por tanto, de ser un peligro digno de ser tomado en cuenta. Todo el mundo creía que el ciclo pentecostal había llegado a su fin. Daba la impresión de que aquella semilla que tan pujante brotó en el grupo de jóvenes de Parham se había agotado para siempre. La novedad de la irrupción pentecostal fue imposible de asumir en un principio.Podemos mencionar varios factores de discrepancia, entre otros muchos.

    Para los primeros pentecostales, siempre hubo dos cosas innegociables: el bautismo en el Espíritu y el don de lenguas. La semilla pentecostal pareció, en cierto momento, que podía desaparecer. Pero no fue así. Al contrario.

    Durante estos cincuenta años de oscuridad y silencio fue madurando y, a pesar de la injuria y el escándalo de los hombres, hacia los años 60 sus rebrotes se hicieron de nuevo incontrolables. Y ahora no era ya momento de excomuniones, sino que las iglesias no pudieron eludir el hacer un nuevo discernimiento. Pero ya habían cambiado muchas cosas en esas iglesias; el mundo también era otro.

    La rigidez puritana de principios de siglo se había disuelto como un azucarillo. Dos cruentas guerras mundiales habían relativizado muchas cosas; y una filosofía nueva, personalista y vivencial había abierto la posibilidad de un mundo de experiencias nuevas. A pesar de los conflictos mencionados, las iglesias tuvieron que enfrentarse al hecho de que muchos de sus fieles iban siendo tocados por la experiencia carismática. Aún más: bastantes pastores participaban en grupos de oración y habían experimentado igualmente un cambio profundo en sus vidas.

    Por ello, aunque aún no se hayan apagado las disputas ni se hayan eliminado totalmente las incomprensiones, las iglesias llamadas "históricas" han dado su aprobación a la espiritualidad pentecostal.

    En la Iglesia Episcopaliana fue a partir de 1958; la Luterana USA en 1962; la Presbiteriana también en el 62; y lo mismo ha sucedido en algunas comunidades ortodoxas.

    Desde este momento se empieza a descubrir la parte positiva de toda esta movida espiritual. Ahora es valorada la capacidad evangelizadora de la nueva corriente espiritual. Su novedad y frescura de cara a los jóvenes y alejados; la vitalidad en los cultos y celebraciones; la revalorización de la oración y lo sobrenatural en un mundo materialista y práctico; y, de una manera especial, la capacidad ecuménica de este nuevo movimiento. Fieles de todas las confesiones participan juntos en grupos de oración: ¿No será que el Espíritu Santo quiere construir la unidad desde las bases, desde el pueblo?.

    En la Iglesia Católica

    Dados estos antecedentes, no es de admirar que este movimiento espiritual apareciera inevitablemente en la Iglesia Católica. Sin embargo, cuando esto tuvo lugar, causó una sorpresa casi general. Siempre había existido una profunda hostilidad hacia el Catolicismo por parte de las Iglesias Pentecostales, el cual, según ellas, era la suma y compendio del formalismo y organización aniquiladores del Espíritu. Por otra parte, la mayoría de los católicos nunca habían tomado en serio a los pentecostales por su aparente emotividad y fanatismo.

    Nadie, pues, imaginaba la rápida aceptación con que fue acogida la espiritual pentecostal en la Iglesia Católica. La verdad es que se ha extendido con mucha mayor rapidez en ella que en todas las demás iglesias, y la oposición ha sido mucho menos intransigente. Observadores pentecostales han comentado sorprendidos la facilidad con que los católicos han aceptado el "bautismo en el Espíritu". La jerarquía católica se ha mostrado más abierta y favorable al movimiento que la de las demás iglesias.

    Pero también en la Iglesia Católica habían cambiado muchas cosas. Había pasado Juan XXIII con su lema: "valoricemos lo que nos une y dejemos lo que nos separa". Había pasado un concilio, el Vaticano II, que abrió las puertas y ventanas de la Iglesia de par en par y realizó una apertura sin precedentes a la modernidad, al progreso, a la tolerancia, a los derechos humanos y, en general, a las realidades terrenas, cosas todas ellas asumidas en una síntesis poderosísima bajo la acción del Espíritu. Fue un concilio sin condenas, un concilio de aperturas, de tolerancia, de pluralismo religioso, de anhelos ecuménicos. Ya no hay herejes ni cismáticos, sino hermanos separados, entre los cuales pueden darse también "la fe, la esperanza, la caridad, la vida de la gracia y otros dones interiores del Espíritu Santo". En la apertura de dicho concilio Vaticano II, el Papa Juan invocó al Espíritu Santo pidiéndole: "Renueva en estos días tus maravillas, a la manera de un nuevo Pentecostés".

    Se enciende el fuego

    En la Universidad del Espíritu Santo de Duquesne, en Pittsburgh, USA, hay un grupo de cristianos inquietos. Son agentes de pastoral dentro de la misma Universidad, pero están desilusionados y un tanto desmoralizados, sobre todo, por la ineficacia e infecundidad de sus esfuerzos y trabajos. Sin embargo, están en actitud de búsqueda y de encuentro. Cae en sus manos un libro que se ha hecho famoso: "La cruz y el puñal". Es una especie de autobiografía de un intrépido pastor, David Wilkerson, el cual habla de su apostolado entre las pandillas de jóvenes delincuentes y drogadictos de Nueva York. Entre estos jóvenes se habían realizado auténticos milagros con signos visibles de una presencia fuerte y viva del Espíritu Santo. Allí se relataba algo distinto, allí se percibía una eficacia y una fecundidad superiores a los puros dones y categorías humanas.

    La lectura de este libro fue para ellos una revelación. Decidieron orar los unos por los otros diariamente la secuencia del Espíritu Santo: "Ven, Espíritu divino". Pedían que se derramara sobre ellos la misma fuerza y el mismo fervor que habían experimentado los primeros cristianos.

    Sucedió a principios del año 1967. Después de algunos meses de perseverar en esta oración y en estos deseos encontraron suficiente humildad para pedir a algunos neopentecostales que oraran sobre ellos a fin de recibir el bautismo en el Espíritu.

    Los efectos fueron inmediatos y prodigiosos. Los frutos del Espíritu se derramaron copiosamente: se sienten invadidos por una fuerza nueva; perciben un profundo sentimiento de paz; se regocijan con una alegría inexpresable; sienten la necesidad casi impulsiva de dar testimonio. Y lo que es más importante: experimentan en sus propias vidas la realidad poderosa y santa del Espíritu, que les lleva a descubrir a un Jesús vivo, resucitado, Señor de todas las cosas. Perciben como un cambio cualitativo en su propio ser, cambio que se expresa también a través de varios dones carismáticos: don de lenguas, profecía, curaciones.

    Demasiado fuerte para asimilarlo de inmediato. Dentro de la paz y sobriedad del Espíritu que, de por sí, nunca hace perder la armonía y el equilibrio, se sienten gozosos, pero desconcertados y un tanto perdidos. ¿Qué está sucediendo? ¿Es esto un nuevo Pentecostés?

    Pero no era un momento adecuado para pararse a teorizar lo que estaba pasando. Había que apurar la experiencia hasta el final. Y, sobre todo, había que dar salida a la urgencia de comunicación, de compartir con otros, algo que en su fuero interno sabían que era auténtico, oro de ley. Programan pronto un retiro, que se hizo famoso, al cual asistió mucha gente nueva, y en el que de nuevo percibieron la presencia viva del Espíritu Santo. Pasaron un fin de semana en oración como sumidos en una atmósfera ultraterrena.

    La experiencia se extiende rápidamente como un fuego. El 4 de marzo de 1967 un joven estudiante de Duquesne comunica estos sucesos a un asombrado pero reticente auditorio de la Universidad de Notre Dame, en South Bend. También aquí acuden a los pentecostales que, en un encuentro de oración, oran por ellos, repitiéndose los mismos acontecimientos con los mismos resultados. En pocos meses se propagó la noticia por diversas regiones de USA, saltando inmediatamente sus fronteras en todas las direcciones.

    Nació en América, pero no es americana

    Ni la propaganda de la Coca Cola; ni la publicidad de la hamburguesa; ni la estrategia de los VIPS; ni el espectáculo de Michael Jackson; ni las intrigas de la CIA; ni el marketing de una multinacional; ni la acción de las películas del Oeste han sido vehículo para que la Renovación haya llegado, rincón por rincón, hasta los confines del planeta. El Espíritu Santo no ha necesitado la influencia americana para "colonizar" espiritualmente al mundo. Viene de América, pero no es americana.

    Y entonces se preguntará alguien: ¿Por qué nació en América? He aquí una cuestión insoluble. Los designios de Dios son inescrutables. No se pueden dar ni razones de conveniencia. De todas formas es sorprendente que haya nacido en USA, pues las cosas de Dios suelen brotar en la debilidad, la pobreza y la impotencia. Sin embargo también en EE UU hay pobrezas. Desde el principio se trató de descalificar el movimiento pentecostal a causa, según decían, de su origen humilde en una iglesia negra. Muchos comentaristas e historiadores piensan que el mismo ambiente que dio origen al Negro Spiritual, al Jazz y a los Blues, produjo también el movimiento pentecostal. La verdad es que desde el principio hubo adeptos de ambas razas, aunque también está constatado que en el inicio la mayoría de los líderes y el gran impulso se realizó por medio de comunidades de gente de color.

    Y,¿por qué en el Protestantismo? No lo sabremos jamás, como tampoco sabremos por qué el Hijo de Dios nació en una cueva en Belén. Tal vez era el sitio más pobre y por eso lo escogió. De esta forma hasta los mendigos que duermen en la calle, los desheredados, los emigrantes y desterrados, se pueden identificar con él. Si hubiera nacido en un palacio, los pobres jamás hubieran pisado sus umbrales. La Renovación no tuvo ni patria ni sitio en la posada. Nació en la Iglesia Metodista, pero fue expulsada de ella y de las demás iglesias protestantes. Tuvo que construirse su propia chabola. ¿Si hubiera nacido en la Iglesia Católica, la aceptaría todo el mundo? Hay muchos que consideran a esta iglesia demasiado poderosa, demasiado prepotente. En cambio, naciendo donde nació, y creciendo como creció, a la Iglesia Católica y a todos nosotros nos sirve de ejercicio de pobreza y de reconciliación. Y hay que reconocer que en este tema nuestra Iglesia Católica ha alcanzado auténticas cotas de catolicidad y de aceptación de los demás.

    Hablando de un tema semejante, san Pedro dijo un día en casa de un pagano: "Verdaderamente Dios no hace acepción de personas, sino que el hombre que le teme, sea de la nación que sea, le es grato" (Hch 10, 34). Este fuego no hace, pues, referencia a ninguna nación, a ninguna ideología, a ninguna cultura, ni lengua ni raza ni color.

    No fue programada ni tiene fundador

    A ningún consejo de pastoral o reunión de planificación, a ningún capítulo general o comisión teológica se le ocurrió jamás un programa de acción o evangelización en el que se incluyera como acción prioritaria un "bautismo en el Espíritu". Ninguna pastoral de conjunto ha incluido en sus planes la oración en lenguas, la profecía o las curaciones. Todos sentimos la necesidad de una nueva evangelización, "con nuevos métodos, nuevas expresiones y nuevo ardor", pero, ¿quién es capaz de actuar algo concreto que cambie vidas, que haga descubrir a un Jesucristo vivo y poderoso y que llene nuestras actuaciones de carismas y de una acción poderosa del Espíritu?.

    La única planificación que puede haber, para que lo dicho suceda, es la oración en la que se clama por esos dones y esa venida del Espíritu. Y Él, como el día de Pentecostés, nos ha sorprendido una vez más. Y está ahí. La cuestión ahora es reconocerle y secundar sus planes. Cada uno en el lugar donde perciba su llamada.

    Para la Renovación esto no es tan sencillo, pues el Espíritu no se vale en ella de las mediaciones ordinarias por las que suele actuar. Aquí no hay un fundador, ni se puede decir que sea un movimiento. Por eso, no tiene una teología especial, ni un centro espiritual, ni un programa de acción, ni unos objetivos concretos. No trata de reformar la oración, ni la liturgia, ni abrir cauces a la Palabra de Dios, ni está llamada a unos compromisos sociales concretos. Es una re-novación de lo que siempre fue, una puesta a punto, una vitalidad renovada. Nadie dirige los pasos de la Renovación. La única referencia instintiva que hace el carismático es al Espíritu Santo. Él es el fundador, el motor, el que programa, el que señala cadencia y ritmo. Por ello, la actitud más auténtica es la de la escucha, viviendo siempre la provisionalidad de lo que tenemos. En la Renovación nunca hay nada terminado, porque el Señor es nuevo cada día.

    El presente es un fragmento tomado del libro "La Renovación Carismática", del padre Chus Villarroel, O.P.; Servicio de Publicaciones de la R.C.C. (SERECA); Madrid, 1995.

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    ICCRS: Consejo y Servicio Internacional

    En 1978 se creó un Consejo y una Oficina Internacional bajo la dirección del Cardenal Leon Joseph Suenens (nombrado por el Papa Pablo VI como Asistente Episcopal de la RCC a nivel internacional) para responder a las necesidades de comunicación, cooperación y coordinación a nivel mundial.
    Fue conformado con líderes de todo el mundo, estableciéndose primero en Bruselas y luego en Roma.
    Desde esa fecha este Consejo ha desarrollado una actividad internacional que se desarrolla en dos aspectos:

    • Por un lado, promueve la comunicación y cooperación entre los organismos de la RCC a nivel nacional de cada país.
    • Y por otro lado, sirve de canal de comunicación y cooperación entre la Renovación internacional y la Santa Sede.

    Este Consejo es conocido como ICCRS: Servicio Internacional de la Renovación Carismática Católica.

    El ICCRS es una organización que busca impulsar la RCC en la Iglesia católica a nivel mundial.

    Para lograr la realización de sus objetivos y proyectos, el ICCRS ofrece a la Renovación mundial ayuda y servicio. La sabiduría, conocimiento profundo y experiencia que el ICCRS obtiene de todo el mundo, las pone a disposición de la Renovación mundial.

    Cuando ICCRS ofrece enseñanza, servicio pastoral, dirección o entrenamiento local, lo hace como un servidor, no como autoridad que espera obediencia.

    El ICCRS, en su relación con los grupos nacionales o locales de la RCC desea subrayar que no busca imponer su autoridad, sino ofrecer sus servicios. Tiene por tanto autoridad de servicio y cierta autoridad moral.

    Su relación con las expresiones nacionales o locales de la RCC no limita la relación entre los Grupos con sus obispos locales o nacionales, ni limita la libertad individual o de grupos para relacionarse con la Santa Sede. Como sucesor del Cardenal Suenens, S.S. Juan Pablo II nombró al Obispo Paul J. Cordes (1994).

    Actualmente, su presidente es el australiano Allan Panozza. Los miembros del Consejo del ICCRS pueden permanecer como máximo tres períodos de tres años cada uno.

    Debemos enfatizar que la misión principal del ICCRS es promover y hacer conocer la RCC por todo el mundo, por que es importante para ellos conocer lo que ocurre en otros lugares.

    Por eso, la obligación de cada miembro del ICCRS es informar con regularidad al Consejo cómo se encuentra su zona, lo que les ayuda a poder mantener contacto y comunicación con los miembros de la Jerarquía de la Iglesia en sus respectivos países y en el Vaticano.

    También, trata de entablar relaciones con los dirigentes de la RCC de su zona para traer su punto de vista y experiencia al Consejo, lo que permite conocer el actuar del Espíritu Santo en la Iglesia y enriquecernos al testimoniarlas.

    Actualmente, integran este Consejo: Allan Panozza (Australia - Presidente), Matteo Calisi (Italia - Vicepresidente), Nikol Baldacchino (Malta), Cathy Brenti (Francia), Obispo Joe Grech (Australia), Henri Lemay (Canadá), James Murphy (EE.UU.), Mark Nimo (Ghana), P. Bart Pastor (Filipinas), P. Rufus Pereira (India), Jean Pliya (Benin), P. Michael Slavik (República Checa), Telésforo "Chiquito" Villalba (Argentina) y Erni Wiethaeuper (Brasil).

    Su sede se ubica en:International Catholic Charismatic Renewal Services Palazzo della Cancelleria 00120 Vatican City, Europe.

    Página Web: www.iccrs.org
    E-mail: info@iccrs.org

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    ECCLA: Encuentro Carismático Latinoamericano

    El ECCLA (Encuentro Carismático Católico Latino Americano) se realiza desde 1972, y en cada uno de estos eventos internacionales participan líderes de la Renovación Carismática de nuestros países. En ellos, se busca lograr un intercambio de experiencias y alcanzar una visión común para la RCC de América Latina. El objetivo de los ECCLAs es:

    a. El conocimiento mutuo de los responsables de la Renovación Carismática en Latinoamérica.
    b. El intercambio de experiencias personales y comunitarias.     
    c. La profundización de los temas relacionados con la Renovación. 
    d. El discernimiento de la voluntad de Dios para la Renovación.   
    e. El crecimiento de la Renovación a través del Continente.  
    f. La manifestación de la unidad de los cristianos por la fuerza del Espíritu.   
    g. La insinuación de líneas de acción para los grupos. 

    ECCLAs realizados:

    1) 1972 en Bogotá (Colombia);
    2) 1974 en Bogotá;
    3) 1975 en Aguas Buenas (Puerto Rico);
    4) 1976 en México D.F; 
    5) 1977 en Caracas (Venezuela);
    6) 1979 en Lima (Perú); 
    7) 1982 en Belo Horizonte (Brasil);
    8) 1983 en Santo Domingo (Rep. Dominicana); 
    9) 1985 en San José (Costa Rica);
    10) 1986 en Buenos Aires (Argentina); 
    11) 1988 en Quito (Ecuador);
    12) 1989 en Antigua (Guatemala);
    13) 1991 en Santiago (Chile);
    14) 1993 en Río de Janeiro (Brasil);
    15) 1995 en Tegucigalpa (Honduras);
    16) 1996 en Ciudad del Este (Paraguay);
    17) 1998 en Monterrey (México);
    18) 2000 en Caguas (Puerto Rico). 

    19) 2002 en La Paz (Bolivia)
    De 1989 a 1995 se realizaron también cuatro ECCLAs juveniles (hoy Encuentro Latinoamericano de Jóvenes) y, desde 1994, el CONCCLAT (Consejo Católico Carismático Latinoamericano), que es la reunión de los Responsables de cada país. El actual presidente del CONCCLAT es Miguel Mendoza (México).

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    COORDINADORES DEL CONCCLAT

    (MARZO DE 2006)

    País

    Nombres

    Dirección / Tel. / Fax

    Asesor Eclesiástico del Concclat

    Mons. Tulio Manuel Chirivella (Venezuela)

    Ave. Los Abogados Nº 12-6, Barquisimeto, Lara 2003, Venezuela
    Telf.: 58-251-252.34.67
    E-mail:chirivella@cev.org.ve

    Presidente Concclat

    Miguel Mendoza (México)

    Tapia 927 Poniente, Monterrey, N.L.
    México C.P. 64000
    Telf.: 52 818 3888644 (casa)
    52 818 3740034 (Ofic.)
    E-mail: carisma@infosel.net.mx

    Vice-Presidente

    Walter Zimmermann Maureira (Chile)

    Secretaria Nacional (Santiago)
    Vicente Reyes 248, Casa 17,Recreo, Viña del Mar, Chile
    Telf.: 56 321624204
    E-mail: walvan@ctcinternet.cl

    Secretario

    Santiago Velásquez D. (Paraguay)

    Km. 1,500 Ruta Internacional,
    Vivienda A 1.2, Villa Ande, Ciudad del Este, Paraguay
    Telf.: 595-61 512351
    E-mail: savd@telesurf.com.py

    Argentina

    Coordinadora:
    Graciela Tortosa de Conforti

    Franklin 652 C 3500, Resistencia, Chaco, Argentina
    Telf.: 00 54 3722473111
    E-mail: gracielatortosa@yahoo.com.ar
    Sitio Web: www.rcc.org.ar

    Bolivia

    Coordinador:
    Freddy Menacho

    Santa Cruz, Bolivia

    Brasil

    Coordinador:
    Marcos Volcan

    Rua Farroupilha, 181 Pelotas/RS
    CEP: 96090-280
    E-mail: mduv@conesul.com.br
    Sitio Web: www.rccbrasil.org.br

    Colombia

    Coordinador:
    Fernando Pérez Villa

    Carrera 72 Nº 81-130, Barranquilla, Colombia
    Telf.: 575-3557178
    E-mail: ferper@bico.com.co

    Costa Rica

    Coordinadora:
    Vilma Chaveri

    Grecia Alajuela, Costa Rica
    Telef.: (506) 444 6486

    Cuba

    Coordinador:
    Diácono Luis Entrialgo

    146-Nº 904 esq. 9 Playa, Ciudad La Habana, 11600, Cuba
    Telef.: 537-337175 / 537-233378
    E-mail: rccuba@yahoo.com
    Sitio Web: www.rccuba.com

    Chile

    Coordinadora:
    María José Cantos

    Telf.: 9-0015909
    E-mail: mjcantos@gmail.com

    Ecuador

    Coordinador:
    P. Humberto Rainoldi

    Av. 10 de Agosto 5642 y Villalengua
    Quito, Ecuador
    Telf.: 2240483
    E-mail: ofnacrcc@hotmail.com

    El Salvador

    Coordinador:
    María Guadalupe Funes

    Santa Elena, San Vicente, El Salvador
    Telefax: 393 6052

    Guatemala

    Coordinadora:
    Sheni de Góngora

    5ta. Calle 0-16 Zona 1, Guatemala
    Telf.: 502-220-2848
    E-mail: shenyjesus@xasa.com
    Sitio Web: http://rcc.guatemala.tripod.com

    Honduras

    Coordinadora:
    Nadya Patricia Girón

    G 13, B 37, C 3709 Kennedy, Tegucigalpa M.C.D., Honduras
    Telf.: 504-228-7559

    México

    Coordinador:
    Manuel Ang Poo Pimentel

    Damasco 104, Jardines de San Agustín, Garza García, N.L., México
    Telf.: 81-8363-5234
    E-mail: coordinacion@renovacion.com.mx
    Sitio Web: www.renovacion.com.mx

    Nicaragua

    Coordinador:
    David L. Manzano Álvarez

    Masaya, Nicaragua
    Telf.: 0505-04531120
    E-mail: davmal2001@yahoo.es

    Panamá

    Asesor Nacional:
    Mons. Alejandro Vásquez Pinto

    Telf.: 237 9672
    E-mail: sercal2301@yahoo.com
    Sitio web: www.renovacionpanama.com

    Paraguay

    Coordinador:
    José Tomás Martínez Zárate

    Capitán Crisaldo 402, Esq. Indio Francisco, Asunción, Paraguay
    Telf.: 595-21-550551
    E-mail: jtmzarate@hotmail.com

    Perú

    Coordinadora:
    Miroslava Egúsquiza O.

    Av. Militar 1550, Lima 14, Perú
    Telf.: (51-1)4717006
    E-mail: nacional@rccperu.org
    Sitio web: www.rccperu.org

    Puerto Rico

    Coordinador:
    Roberto del Valle Hernández

    13ª Pugnado-Calle Porfirio Rivera final
    Postal. P. O. Box 657
    Vega Baja, P. R. 00694
    Telf.: 787-855-0861
    E-mail: tallerikonos@hotmail.com

    Rep. Dominicana

    Coordinador:
    Yolanda Altagracia Hirujo Roedán

    Batallo Palo Seco 22
    Urb. Máximo Gómez, Santo Domingo,
    República Dominicana
    Telf.: 535-3897

    Uruguay

    Coordinador:
    Edith Docanto Correa

    Guadalupe 1974, Montevideo, Uruguay
    Telefax: 208-2060
    E-mail: edithdocantorcc@hotmail.com

    U.S.A. Hispanos

    Coordinador:
    Demetrio Ortega Ortega

    1014 W 557
    Wilmington, EE. UU.
    Telf.: 302 656-0439
    E-mail: aureaortega@aol.com

    Venezuela

    Coordinadora:
    Sra. María Auxiliadora Labady de Gutiérrez

    Caribe Res. Las Islas
    Edif. Arapo, Piso 8b
    Puerto La Cruz, Edo. Anzoategui
    Telf.: 0281-2699073
    E-mail: marialabady@rccvenezuela.com
    Sitio web: www.rccvenezuela.com

     Otros:

    España

     

    C/Fomento, 13
    28013 MADRID
    Telef.: 915489550
    Sitio Web: http://www.rcc-es.com

    Inglaterra

     

    Sitio Web (en inglés): www.ccr.org.uk

    [ Regresar ]

    Renovación Carismática Católica
    Coordinación Nacional
    Telf. (511) 471-7006
    Av. Militar 1550 - Lince
    Lima - Perú